ACUÑACIÓN DE MONEDAS Y ORÍGENES.

Al contrario que muchas monedas modernas, las monedas romanas tenían valores intrínsecos. A pesar de contener metales preciosos, el valor de una moneda era más alto que su contenido de metal precioso, así que no eran lingotes. Estimaciones del valor de un denario varían entre 1,6 y 2,85 veces su contenido de metal; se considera que esto equivale al poder adquisitivo de diez libras esterlinas modernas (comparando precios de pan) y aproximadamente tres días de paga de un legionario.
La mayoría de la información escrita sobre monedas que sobrevive es en forma de papiros preservados en el clima seco de Egipto. El sistema monetario que existió en Egipto hasta la época de la reforma monetaria de Diocleciano era un sistema cerrado basado en el devaluado tetradracma. Aunque se puede considerar que el valor de esos tetradracmas era equivalente en valor al denario, su contenido de metal precioso era mucho más bajo. Claramente, no todas las monedas en circulación contenían metales preciosos, al ser el valor de estas monedas demasiado elevado para ser conveniente para compras ordinarias. Una dicotomía existía entre las monedas con valor intrínseco y aquellas con sólo un valor simbólico. Durante el Imperio Romano había una división en la autoridad para acuñar monedas de ciertos metales. Aunque se permitió a numerosas autoridades locales acuñar monedas de bronce, no se autorizó a ninguna autoridad local a acuñar monedas de plata. Sobre la autoridad para acuñar monedas, Dión Casio escribe: "No se debería permitir a ninguna de las ciudades tener su propia moneda o sistema de pesos y medidas; se les debería exigir a todas utilizar las nuestras." Sólo la propia Roma acuñaba monedas de metales preciosos, y la fábrica de moneda estaba centralizada en Roma durante la república y durante los primeros siglos del imperio. Algunas provincias orientales acuñaron monedas de plata, pero esas monedas eran denominaciones locales destinadas a circular y a satisfacer necesidades locales. La emisión de monedas de bronce se puede considerar de poco valor, y de poca importancia para el gobierno central de Roma, porque los gastos del estado eran elevados y se podían pagar más fácilmente con monedas de alto valor. Se sabe que durante el siglo primero un as sólo podía pagar una libra de pan o un litro de vino barato (o de acuerdo con inscripciones en paredes pompeyanas, los servicios de una prostituta barata).

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Orígenes


El sistema monetario constituía la base del comercio romano, aunque no siempre fue así. En un principio Roma, como toda antigua civilización, utilizaba el trueque para el comercio. La primera unidad de medida, fue la unidad del ganado, llamada "Pecua" o "Pecunia", que dio origen al término "pecuniario". Este sistema de trueque fue reemplazado durante el inicio de las relaciones comerciales, estabilización de la situación interna romana y el contacto con los griegos, aproximadamente en el siglo quinto antes de Cristo. Las unidades de los primeros sistemas monetarios romanos eran unos lingotes irregulares de bronce y cobre, sin marca o inscripción, llamados Aes Rude; su valor dependía de su peso, el cual variaba desde los ocho hasta los trescientos gramos. Esta moneda se siguió produciendo durante un largo periodo, llegando a pesar en algunos casos hasta 1.600 g . En ocasiones incluía inscripciones de animales u objetos. La unidad de medida de los romanos era la litra o libra; una litra romana corresponde a 324 gramos actuales.
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