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El latín era una lengua itálica, eso significa que la mayoría de elementos gramaticales y la mayor parte de su léxico, provienen por evolución natural de las lenguas de dialectos y hablas indoeuropeas.
El idioma original de los grupos latinos al instalarse en la península itálica se vio influida por el contacto con hablantes de otros grupos tanto indoeuropeos (oscos, umbros, griegos, celtas) como no indoeuropeos (etruscos, cretenses, picenos, ilirios, ligures…).
Suelen distinguirse tres tipos de influencia sociolingüística:
  • sustrato, debido a hablantes que fueron asimilados a la lengua latina
  • superestrato, a causa de pueblos que temporalmente sometieron a los latinos
  • adstrato, provocada por el contacto con otros pueblos.
Esta distinción, sin embargo, puede no resultar del todo operativa; por ejemplo, el etrusco pudo haber sido a la vez substrato, adstrato y superestrato en diferentes épocas.

Influencia sustrato

Una influencia de sustrato provoca cambios lingüísticos causados por hablantes nativos que hayan sido asimilados y cuyas lenguas habrían ocupado la región antes de que se difundiera el latín entre ellas. A veces se habla, para indicar estas lenguas, de sustrato mediterráneo, que proporcionó al latín el nombre de algunas plantas y animales que conocieron al llegar; son lenguas muy poco conocidas, pues quedan sólo unos pocos restos escritos, algunos de los cuales aún no son descifrados. Un sustrato del latín arcaico en la ciudad de Roma y alrededores fue claramente la lengua etrusca.
En cuanto a la influencia osco-umbra al latín, es interesante observar la influencia que provocaron, ya que en ellas están configuradas ya algunas características fonéticas y fonológicas que más tarde aparecerán en las lenguas romances (ciertas palatalizaciones y monoptongaciones) pues muchos hablantes de lenguas itálicas al romanizarse conservaron ciertos rasgos fonéticos propios; incluso marginalmente dentro de las lenguas románicas.
Fenómenos de este tipo son la influencia céltica a la que se atribuye la lenición de las consonantes intervocálicas o la [y] francesa, el vasco (o alguna lengua parecida), al que se atribuye la aspiración de la /f/ española en /h/, o el influjo eslavo, culpable de la centralización de la vocales rumanas.
Sustrato etrusco: La influencia del etrusco en la fonología latina se refleja en el hecho de desarrollar algunas aspiradas (pulcher, 'hermoso') y la tendencia a cerrar -o en -u. Las inscripciones etruscas muestran una tendencia a realizar como aspiradas oclusiva sordas previamente inaspiradas, y poseía un sistema fonológico de sólo cuatro timbres vocálicos /a, e, i, u/, teniendo este último una cualidad entre [o] y [u] que habría influido en la tendencia del latín a cerrar algunas /*o/ en [u].
Además los numerales latinos duodeviginti ('18') y undeviginti ('19') son claramente calcos lingüísticos formados a partir de las formas etruscas esl-em zathrum ('18') thu-nem zathrum, '19' (donde zathrum es la forma etrusca para '20', esl- '2' y thun- '1'). También es un hecho de sustrato del etrusco en latín el sufijo -na en palabras como persona, etc.

Influencia superestrato

Debida a pueblos que temporalmente sometieron a los latinos y que dejaron una marca en el habla; aquí hablamos del superestrato etrusco (el responsable del léxico del teatro y de la adivinación), galo o celta.
Superestrato germánico: desde antiguo los romanos tenían contactos con Germanía, y en estas relaciones predominó la influencia del latín. El centro principal de contactos se situaba en el valle del Rin, un territorio donde sobrevivían poblaciones célticas, cuya lengua empleada era el latín. De hecho, hay rastros de la administración romana en la toponimia, como por ejemplo Colonia.
Los elementos germánicos son el superestrato del latín en la Romanía occidental. Después de las invasiones, muchos elementos germánicos pasaron al latín. El flujo no se interrumpió en la formación de las lenguas románicas. Pueblos germánicos: godos, alemánicos, borgoñeses, francos, lombardos. Las influencias de estos pueblos en las lenguas románicas se dan mayoritariamente en el campo de la toponimia y la antroponimia. Aparte de estos, el número de préstamos es bastante reducido.
A pesar de todas las influencias que se reflejan fundamentalmente en el léxico y la fonética, la mayoría de elementos gramaticales y léxicos del latín son rastreables hasta el protoindoeuropeo.


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